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El Mar...

Leí por ahí que Alfonsina es la novia del mar, que nadie sabrá nunca por qué eligió morir en él, o si en realidad, eligió vivir en él para siempre.


Yo elijo creer lo segundo: vivir en él para siempre. Como seguramente este elenco maravilloso vivirá para siempre en este mar que juntos estamos creando para darle vida nueva a Alfonsina.


El desafío inmenso de ser parte de un ensamble que deberá poner al servicio de la historia todas sus capacidades actorales y experiencias vividas, pasando en un suspiro de jóvenes a adultos, de niñas de un colegio de los años 80 a sumisas mujeres reprimidas del 1800. De hombres a olas, de mujeres a viento… quién dijo que el ensamble no es protagonista?


Y en esa búsqueda incesante de personajes, sensaciones y emociones, nos damos cuenta que nuestro compañero ahora es nuestro amigo, que nuestro amigo ahora es nuestro hermano.


Alguien se convierte en un amor…


Porque al final siempre se trata de eso, de amar. Y vamos construyendo juntos este mar inmenso tan lleno de amor donde, como Alfonsina, viviremos para siempre.


“¿Cómo decir este deseo de alma? Un deseo divino me devora; pretendo hablar, pero se rompe y llora esto que llevo adentro y no se calma”.

Porque soy, porque somos, porque somos siendo.


Y por momentos salir del mar para ser madre… un desafío aún mayor, una búsqueda que me lleva a mis límites, a mis propias angustias, a la madre que seré o no seré, a mi madre. Dónde buscar? Dónde crear? Dónde ser madre? Dónde ser? Cómo hacerlo?


“No las grandes verdades yo te pregunto, que no las contestarías; solamente investigo. Si cuando me gestaste, fue la luna testigo, por los oscuros patios en flor, paseándose”



Dijo Alejandro: “Mi madre era una mujer luminosa, con un sentido casi masculino de la amistad pero profundamente femenina. Tenía los ojos, ora verdes, ora acerados; una sonrisa triste y una risa alegre. Si me preguntara qué rasgo de su carácter podría destacar, contestaría sin titubear: el amor a la verdad. Paradójico, pero exacto. Luchó desde pequeña a brazo partido con la existencia y si alcanzó la posición que tengan la seguridad que poco le debe al azar y mucho a su energía y coraje indomables”.


Tanto que aprender…


Y dicen que cuando la mañana del 25 de octubre de 1938 un mar casi en calma, tras una noche de horror, devuelve su joven cuerpo de 46 años, su rostro tenía una expresión serena.


“Mar, yo soñaba ser como tú eres, allá en las tardes que la vida mía, bajo las horas cálidas se abría... Ah, yo soñaba ser como tú eres. Mírame aquí, pequeña, miserable. Todo dolor me vence, todo sueño. Mar, dame, dame el inefable empeño, de tornarme soberbia, inalcanzable”.


Ya jamás le temeré a la muerte…


Y así entre emociones, poemas, amigos y amores seguiremos en este mar de vida.


Porque soy, porque somos, porque somos siendo.




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