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En carne viva

“Vas a aprender a amar…” le dice Sofía a su hija Juliana. Ufff… cuanto encierra esa aparentemente sencilla frase.


¿Se aprende a amar? ¿O tan solo se ama como se puede, con lo que cada uno trae impreso en su ADN y con las marcas que la vida va dejando en nuestra piel? ¿Acaso nunca tuviste un amor que te rompa las estructuras en mil pedazos, que te lleve al límite del desquicio, que te haga estallar los celos, que libere tus demonios y te lleve a los extremos, que te muestre la felicidad y te haga llorar desde las entrañas, que te encienda, que te enloquezca, que te enoje, que te haga reir, que te haga vivir... vivir... vivir... amar... vivir... vivir amando, amar viviendo... morir de amor...


“Las cicatrices con hilos de oro se muestran brillantes en otras distancias, pues también es cierto y allí lo saben, la piel que ha vivido es la que se ve ajada” le dice Germán a Sofía en un intento por entender su dolor. Sí, el amor duele algunas veces, o siempre quizás, pero ese dolor enciende el alma y la transforma. ¿Elegiría vivir sin amor para evitar el dolor? Definitivamente NO! ¿Quién me quita el mágico escalofrío de sentir tan cerca esa respiración? ¿Quién me quita el galope repentino del corazón cuando se acortan las distancias de los cuerpos? ¿Quién me quita la ansiedad, el deseo, el desenfreno, el mar, el fuego, el viento enloquecido en mi cabeza? ¿Quién me quita la piel con la piel?


“Peor es no saber tener, por un amor, en carne viva el corazón”


Y las palabras de Alfonsina en este lío, a veces tan suyas, a veces tan mías.


Tu, que nunca serás

Sábado fue, y capricho el beso dado,

capricho de varón, audaz y fino,

más fue dulce el capricho masculino

a este mi corazón, lobezno alado.

No es que crea, no creo, si inclinado

sobre mis manos te sentí divino,

y me embriagué. Comprendo que este vino

no es para mí, mas juega y rueda el dado.

Yo soy esa mujer que vive alerta,

tú el tremendo varón que se despierta

en un torrente que se ensancha en río,

y más se encrespa mientras corre y poda.

Ah, me resisto, más me tiene toda,

tú, que nunca serás del todo mío.




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